Qué es la Due Diligence y cómo se realiza paso a paso

Due Diligence

Antes de comprar una empresa, dar entrada a un inversor o cerrar una fusión conviene responder a una pregunta esencial: ¿es la compañía lo que aparenta ser? La due diligence es el proceso que responde a esa pregunta. Se trata de una investigación ordenada que permite a quien va a invertir o a comprar conocer el estado real de un negocio antes de firmar, de modo que la decisión se tome con información contrastada y no sobre suposiciones.

En esta guía explicamos qué es exactamente una due diligence, para qué sirve, qué tipos existen y cómo se desarrolla el proceso.

¿Qué es una due diligence?

La due diligence es un análisis exhaustivo de la situación de una empresa, un activo o un proyecto, que se realiza con carácter previo a una operación de compraventa, fusión o inversión. Su nombre inglés se traduce como «diligencia debida», una expresión que resume bien su propósito: actuar con la diligencia que se espera de quien toma una decisión relevante, comprobando la realidad en lugar de confiar sin más en lo que declara la otra parte.

Conviene deshacer dos confusiones frecuentes:

  • La primera es identificarla con una auditoría: la auditoría de cuentas es un examen reglado, con una metodología estándar y centrado en los estados financieros, mientras que la due diligence es un análisis a medida de una operación concreta, con un alcance que se define según lo que las partes necesitan y que abarca mucho más que la contabilidad.
  • La segunda es darla por obligatoria: en sentido estricto no lo es (ninguna norma general impone realizarla, salvo supuestos concretos de cumplimiento normativo), pero en la práctica ninguna operación profesional de cierto calibre se cierra sin ella, porque es la mejor herramienta para no comprar a ciegas.

Para qué sirve: los objetivos de la diligencia debida

El fin último de la diligencia debida es reducir la incertidumbre de quien va a comprar o a invertir, sacando a la luz aquello que no aparece en un primer intercambio de información. A partir de ahí, cumple cuatro funciones concretas que conviene tener presentes:

  • Validar la información facilitada por el vendedor, comprobando que las cuentas, los contratos y los documentos reflejan la realidad.
  • Detectar riesgos ocultos, desde deudas no declaradas hasta litigios o sanciones pendientes.
  • Ajustar el precio cuando los hallazgos lo justifican, revisando la oferta inicial a la baja o condicionándola.
  • Reforzar el contrato, trasladando los riesgos detectados a garantías, a las manifestaciones y garantías y a cláusulas de protección para el comprador.

Todo ello se sostiene sobre un principio: durante el proceso, el vendedor facilita la información necesaria para llevar a cabo la revisión, normalmente bajo un acuerdo de confidencialidad y conforme a los compromisos asumidos entre las partes.

Tipos de due diligence

No existe una sola due diligence, sino varias áreas de revisión que, en una operación seria, se abordan en paralelo por especialistas distintos. El alcance concreto depende de la empresa y del tipo de operación, pero estas son las modalidades más habituales, cada una desarrollada en su propia guía.

Due diligence financiera

Analiza la salud económica real del negocio: la calidad del EBITDA, la estructura de deuda, las necesidades de circulante y la fiabilidad de las cuentas. Suele ser la base sobre la que se construye el precio, y va de la mano de la valoración de la empresa. .

Due diligence legal

Revisa la situación jurídica de la compañía: estructura societaria, contratos, titularidad de los activos, litigios, cumplimiento normativo y propiedad intelectual. Es la que confirma que la empresa es realmente dueña de lo que vende y que no arrastra contingencias legales.

Due diligence fiscal

Se centra en los aspectos tributarios: el cumplimiento de las obligaciones, las posibles contingencias ante la Administración, las deducciones aplicadas y los ejercicios pendientes de comprobación. Acompaña casi siempre a la financiera y a la legal.

Due diligence laboral

Examina la plantilla, los contratos, los convenios aplicables, las cotizaciones y los posibles pasivos laborales. Cobra especial peso cuando el equipo es el principal activo y cuando la operación implica una sucesión de empresa.

Due diligence inmobiliaria

Comprueba la titularidad y las cargas de los inmuebles, su situación urbanística, las licencias y el estado de los arrendamientos. Es determinante cuando el activo principal de la operación es un inmueble o una cartera de inmuebles, un ámbito muy ligado a la inversión inmobiliaria, sobre todo cuando se quiere hacer en el extranjero.

Otras tipologías: comercial, tecnológica y medioambiental

Junto a las anteriores existen revisiones más específicas. La comercial estudia el mercado, la cartera de clientes y la dependencia de unos pocos; la tecnológica analiza los sistemas, la ciberseguridad y la propiedad del software; y la medioambiental analiza los riesgos ambientales, mientras que la revisión ESG amplía el análisis a factores ambientales, sociales y de gobernanza, un ámbito que gana peso con la regulación europea en materia de sostenibilidad.

Las fases del proceso de due diligence

La due diligence no es un acto único, sino un proceso ordenado que se activa cuando las partes ya han pactado las líneas generales del acuerdo. Aunque su complejidad varía con el tamaño de la operación, el recorrido habitual sigue una secuencia reconocible.

Todo suele empezar con la firma de un acuerdo de confidencialidad (NDA), que protege la información sensible, y de una carta de intenciones (LOI), en la que el comprador formaliza una oferta no vinculante y, por lo general, un periodo de exclusividad. A partir de ahí, la empresa examinada habilita un data room, hoy casi siempre un repositorio virtual y seguro donde deposita de forma organizada toda la documentación que los asesores van a revisar. El data room es la pieza central del proceso: un espacio bien ordenado acelera el análisis y reduce el margen para las sorpresas.

Con la documentación disponible, el equipo de asesores realiza el análisis, plantea aclaraciones y solicita información adicional (la fase de preguntas y respuestas, o Q&A) hasta contrastar que los datos coinciden con la realidad del negocio. El proceso culmina con un informe que ordena los hallazgos según su gravedad y señala las alertas más serias como red flags. Esas conclusiones no se quedan en un cajón: se trasladan al contrato de compraventa (el SPA), donde se plasman en ajustes de precio, garantías o importes retenidos hasta que se despejan ciertos riesgos.

En qué operaciones se necesita

Aunque la due diligence se asocia sobre todo a la compra de empresas, es recomendable siempre que una decisión importante dependa del estado de una compañía o de un activo. El escenario más frecuente es la compraventa de empresas y las operaciones de M&A, donde el comprador comprueba, antes de firmar, que el negocio responde a lo pactado. También resulta clave en la entrada de inversores o nuevos socios, en operaciones de financiación, en fusiones, reestructuraciones y joint ventures, y en la inversión inmobiliaria.

Un caso con particularidades propias es la inversión o la implantación en Andorra. Para el inversor de España o de Francia que decide operar en el Principado, la revisión debe adaptarse al marco andorrano (régimen de inversión extranjera, registros y autorizaciones), porque los criterios del país de origen no se aplican igual al otro lado de la frontera.

Cuánto dura, cuánto cuesta y quién la realiza

La duración no tiene un plazo único: depende del tamaño y la complejidad de la empresa y, sobre todo, del orden con que llegue la documentación; en operaciones de tamaño medio suele completarse en varias semanas, dentro del periodo de exclusividad pactado, y puede alargarse a algún mes cuando la información está dispersa.

En cuanto al coste, lo habitual es que cada parte asuma sus propios asesores: el comprador paga la revisión de compra y el vendedor, si la encarga, la suya. La ejecutan equipos especializados de las distintas disciplinas, coordinados con frecuencia por un abogado que da coherencia al conjunto.


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Merece la pena detenerse en un matiz que a menudo se pasa por alto: la due diligence no siempre la encarga quien compra. Cada vez es más frecuente la vendor due diligence, la revisión que el propio vendedor solicita antes de abrir el proceso para detectar y corregir a tiempo los puntos débiles de su empresa; así llega a la negociación con la documentación ordenada y desde una posición más sólida. Un ejemplo ilustra el valor de todo esto: si la revisión descubre una deuda no contabilizada o un contrato con cláusula de cambio de control que puede rescindirse al vender, ese hallazgo se traduce de inmediato en una rebaja del precio o en una garantía específica; detectarlo a tiempo es lo que evita pagar de más o heredar un problema.

Due diligence y valoración: dos piezas de la misma decisión

Conviene no confundir la due diligence con la valoración de la empresa, aunque van de la mano. La valoración de empresas estima cuánto vale el negocio y fundamenta la oferta inicial, mientras que la due diligence verifica si ese valor se sostiene al contrastarlo con la realidad. Comprender ambas y prepararlas con antelación es lo que permite afrontar cualquier operación, tanto si se compra como si se vende o se invierte, con seguridad y sin que la negociación acabe convertida en una defensa a la contra.

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