Asamblea Ciudadana: ¿empoderamiento y democracia real o teatro participativo?

Asamblea Ciudadana

Hace un año, por Navidad, desde nuestro grupo profesional expresábamos un deseo muy concreto para este 2025 que hemos dejado atrás: que el ciudadano andorrano se empodere de verdad, haga oír su voz y haga llegar su visión a quienes gobiernan.

Reclamábamos ese “clic” colectivo que nos haga entender que la opinión de cada uno de nosotros tiene valor y que, si no la hacemos valer, otros decidirán por nosotros. Curiosamente, unos días más tarde, nuestro Jefe de Gobierno, en su discurso de Fin de Año del 31 de diciembre de 2025, anunciaba la voluntad de impulsar una estrategia innovadora para escuchar a la ciudadanía y ayudar a construir una visión compartida del futuro de Andorra.

Pues bien, por una vez parece que el “destino” ha permitido que deseo y compromiso se materializaran en el proceso participativo “Trazamos el futuro de Andorra en un mundo que cambia” y en la creación de una Asamblea Ciudadana formada por 50 personas, escogidas entre 457 candidaturas, con criterios de representatividad por nacionalidad, edad, sexo, parroquia, situación laboral y nivel de estudios.

Sobre el papel: un planteamiento ilusionante

Una asamblea representativa de la sociedad, deliberando durante varios días sobre los grandes retos del país y trabajando más de un centenar de propuestas recogidas en una primera fase, estructuradas en cinco grandes ámbitos:

  • Salud y bienestar.
  • Transición energética y medio ambiente.
  • Demografía y vivienda.
  • Diversificación económica y transición digital.
  • Cultura, identidad y educación.

Suena a democracia deliberativa, a ciudadanía implicada, a esa “nueva era” de empoderamiento real que muchos reclamamos.

Historia reciente: el riesgo de que todo acabe en un cajón

Pero si algo nos debería haber enseñado nuestra historia reciente es que no basta con buenas intenciones. No es la primera vez que Andorra organiza ejercicios colectivos de reflexión sobre el futuro.

Recordemos el proyecto Andorra tiene futuro (2010-2012), el proyecto Marca Andorra (2016-2019), promovido por la CEA, con estudios, talleres y documentos de gran calidad que debían servir para reposicionar la imagen y la estrategia del país. Ambos procesos acabaron, en buena medida, en el cajón de la historia.

Y ahora, de hecho, leyendo algunas crónicas sobre la Asamblea Ciudadana, vuelvo a detectar este riesgo. Se explica que los 50 ciudadanos trabajarán las propuestas recogidas desde octubre, que elaborarán un informe estratégico que se hará público y que se trasladará al Gobierno, al Consejo General y a los Comunes. Pero al mismo tiempo se nos recuerda que estas conclusiones no serán vinculantes y que, de hecho, no hay ninguna garantía formal de que sean estudiadas en comisión ni incorporadas a la agenda legislativa o gubernamental, tal como ya ha pasado con informes de Andorra Investigación e Innovación o de la Cámara de Comercio.

La pregunta inevitable: ¿democracia real o teatro participativo?

¿Estamos ante una reinterpretación valiente de la democracia participativa o ante un nuevo ejercicio de teatro institucional para tener a la ciudadanía entretenida y, en el fondo, controlada? ¿Se trata de compartir poder o de gestionar descontento? El problema es que la confianza es un bien escaso y esto nos lleva a preguntarnos si realmente quieren nuestra opinión o solo nuestra foto.

Querer creer: primer paso y aprendizaje colectivo

Este es solo el primer paso. Una democracia joven como la nuestra necesita ensayar nuevas formas de participación y no se puede pasar, de un día para otro, de un sistema puramente representativo a un sistema en el que las asambleas ciudadanas tengan capacidad vinculante. Hace falta tiempo, aprendizaje y confianza mutua.

Tres compromisos

No bastará con hacer un informe brillante y hacer una rueda de prensa y la foto, ¡claro! Si queremos que esta Asamblea Ciudadana no acabe como otras iniciativas que “duermen el sueño de los justos”, hará falta, como mínimo, tres compromisos concretos:

  • Que el documento se debata en sesión pública en el Consejo General;
  • Que se fije un calendario claro para que Gobierno y Comunes respondan por escrito a las principales recomendaciones;
  • Que, pasado un tiempo, se rindan cuentas sobre qué se ha aplicado, qué no y por qué.

Solo así esta estrategia innovadora para escuchar a la ciudadanía dejará de ser un ejercicio estético y se convertirá en una herramienta real de cogobernanza. Solo así podremos decir que, de verdad, el país está construyendo una visión a largo plazo que va más allá de las legislaturas y de los intereses de partido.

El deseo 2025-2026: empoderamiento con consecuencias

–Que empiece una nueva era de empoderamiento real del ciudadano andorrano– solo se hará realidad si este ciudadano decide dar el paso. Si participa, si se forma, si lee, si contrasta, si se organiza, si exige a sus representantes que los procesos participativos tengan consecuencias. Y si los responsables políticos entienden, de una vez por todas, que escuchar no es solo invitar a la gente a hablar, sino estar dispuestos a cambiar actitudes, prioridades y políticas a la luz de lo que la ciudadanía expresa.

Refuerzo el deseo, pues, pensando en el futuro del país, imaginando que esta Asamblea Ciudadana no sea un capítulo aislado, sino el inicio de una nueva cultura política. Donde dentro de unos años podamos decir: supimos aprovechar aquella oportunidad, hicimos que la voz de la gente tuviera recorrido, integramos sus propuestas en un verdadero plan estratégico de país. Donde nuestro estado del bienestar, nuestro modelo económico, nuestra relación con Europa y nuestra gestión del territorio sean fruto de un diálogo maduro entre instituciones y ciudadanía.

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