Andorra País Boutique

Posted by Lluís Serra
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Vivimos en el mejor país del mundo y la mayoría de nosotros no somos conscientes, debido a la rutina del día a día, de los dolores de cabeza que nos incomodan, de este espíritu autocrítico que nos bloquea.

El Principado de Andorra sorprende, sí y mucho, tanto a aquellos que lo eligen para visitarlo como aquellos que deciden instalarse a vivir. Más allá de problemas y conflictos, debilidades o amenazas, descalabros o crisis, que hemos tenido, tenemos y seguiremos teniendo como cualquier otro territorio, nuestro país seduce en clave de presente, por mucho que ha hecho, representa y ofrece, y aún más en clave de futuro, por el enorme potencial que alberga, si sabe escoger el camino adecuado, claro.

Para los que vamos por el mundo explicando las excelencias de Andorra con el noble objetivo de captar la atención de potenciales turistas, inversores, ‘developers’, emprendedores o rentistas, resulta gratificante comprobar que, una vez convencidos y después de ver in situ, todo lo que con mucho esfuerzo planteas a nivel teórico, “compran” si se puede decir así, lo que Andorra les ofrece. ¿Cuál puede ser el secreto de este altísimo grado de aceptación?

Ahora que estamos inmersos en pleno proceso de definición de la idea central de la nueva Marca Andorra, y analizando aquellos territorios en que los andorranos intentamos reflejarnos, me aparece hace unos días el concepto ‘boutique’ unido a un país, el de siempre claro, Suiza. De hecho, es un concepto de origen francés que evoluciona desde la tienda exclusiva, para terminar, usándose recurrentemente en la hostelería para definir aquellos hoteles pequeños, vanguardistas, en ubicaciones especiales y con servicios diferenciales y exclusivos, y finalmente, llega al uso más sorprendente, a la definición de un territorio, sea ciudad o país, ‘boutique’. ¿Tiene sentido? Pues creo que sí y también que Andorra está en condiciones de poder ser definido como un país ‘boutique’, como Suiza.

Los suizos no escatiman esfuerzos en escribir sobre las bondades de Basilea, Berna, Ginebra, Lausana, Zurich o Lucerna como espléndidos exponentes, partes de un todo, de un país ‘boutique’, poniendo en valor cultura, salud, gastronomía, negocio y todo lo que puede lucir de cara a seducir al mundo.

Es indudable que los suizos nos llevan mucha ventaja y han lucido con un éxito evidente durante décadas. De hecho, siguen evolucionando y haciendo planteamientos innovadores alineados a las tendencias potencialmente motivadoras de los nómadas internacionales del turismo y del ‘business’. El nation branding ayuda mucho a dar visibilidad a un territorio y lo que quiere poner en valor. Muchos países así lo han entendido y por eso destinan recursos y esfuerzos. Andorra, por suerte, se ha decidido a promover e implementar una estrategia al respecto, como todos conocemos, pero tendrá que seguir haciéndolo en el futuro si quiere “existir” en este entorno competitivo internacional.

Si Suiza nos lo venden como una experiencia de país ‘boutique’, por la belleza de sus núcleos urbanos históricos, rellenos de detalles que son un regalo para los sentidos y por su apuesta por la innovación, ¿cómo no debe poder lucir como un país ‘boutique’ Andorra?.

Nuestros pequeños pueblos hechos de piedra, hierro y rodeados de parajes idílicos donde interactuar con la naturaleza a todos los niveles; la oferta cultural en forma de museos, arte románico, música y espectáculos; una gastronomía evolutiva de alto nivel; un bulevar comercial convertido cada vez más en una experiencia de convivencia; un entorno ‘wellness’ para mimar cuerpo y alma incomparable. El aire más respirable y más puro, garante de calidad de vida y de una esperanzadora longevidad; el mejor destino para disfrutar y para vivir; el escenario perfecto para desarrollar negocio e inversión en las condiciones más óptimas y tantas otras delicadas excelencias que nos hacen ser únicos e irrepetibles.

Amigos, es necesario que nos lo creamos, de verdad. Vivimos en el mejor país del mundo y la mayoría de nosotros mo somos conscientes debido a la rutina del día a día, de los dolores de cabeza que nos incomodan, de este espíritu autocrítico que nos bloquea. No podemos dar la espalda a las deficiencias del sistema. Tenemos que seguir siendo exigentes con nuestros gobernantes, porque los niveles de exigencia y de respuesta depende de nuestra calidad de vida, como la excelencia en la oferta como modelo de país que quiere captar y acoger turismo e inversión.

Por eso, cuando hablamos del futuro organismo que tutelará y administrará la nueva Marca Andorra, hay que pensar que no sólo debe promover estrategias para potenciar la visibilidad de nuestro país, sino también velar por la calidad del modelo que estamos ofreciendo y la calidad comienza por el grado de satisfacción de los de casa, que debe ser mayor si al mismo tiempo queremos una predisposición pro-activa a la llegada de interesados ​​internacionales.

En este sentido, este organismo deberá promover iniciativas y reformas cuando sea necesario todo en pro del buen funcionamiento del país a todos los niveles, todo en un justo equilibrio entre la calidad de vida de los de casa y la excelencia en la atención a los de fuera.

Sí, claro que somos un país ‘boutique’, un pequeño país compuesto por un conjunto de delicadas y exclusivas partes de un todo excelente, único e incomparable. Un nuevo ranking, pues, donde competir para ser los mejores, el de los países ‘boutique’, pero para estar allí y triunfar hay todavía mucho esfuerzo y corregir deficiencias notables del sistema.

Me resulta grosero e intolerable pensar que nos podemos poner a lucir excelencia si nuestra ciudadanía no se lo cree. Y claro, tenemos que hacer todo lo posible para mejorar su calidad de vida, que debe estar a la altura de lo que queremos promover internacionalmente. Mientras tengamos a una parte importante de la ciudadanía descontenta y desconectada del proceso, el modelo estará incompleto y la estrategia no funcionará, el país será menos ‘boutique’ y no suficientemente excelente para estar al frente del ranking.

Compro por Andorra, pues, todo lo que sirva para describir el concepto ‘boutique’, pero siempre y cuando primero lo compramos todos los ciudadanos de este país y ya sabéis, para que esto sea posible, queda mucho trabajo por hacer y una exigible actitud combativa por parte de todos.

Articulo escrito por Pere Augé

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