El espíritu inmobiliario de Andorra

Posted by Lluís Serra
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Que los seres humanos no somos solo cuerpo sino también alma, es tan cierto como lo es también el hecho de que no siempre nos motiva únicamente lo más material o tangible, sino lo más humano, más espiritual, más social, y nos dejamos llevar por el altruismo, la generosidad, la comprensión, la amabilidad y tantas otras virtudes que nos hacen ser mucho más grandes de lo que aparentemente parecemos.

Es evidente que, si más allá del esfuerzo físico o intelectual incorporamos a nuestros proyectos un poco de alma y de todos los procesos que lleva asociada, al final obtendremos un resultado de dimensiones inesperadamente positivas.

El hogar, aquel espacio vital que nos acoge cotidianamente a todos, abuelos, padres, hijos, hermanos, amigos o mascotas, se convierte en un factor determinante a la hora de tomar algunas de las decisiones más importantes de nuestra vida y, por lo tanto, merece toda nuestra atención, pero también la de aquellos sujetos que de una u otra forma nos pueden guiar o acompañar en este importante proceso.

Tanto en Andorra como en los territorios más próximos, en los últimos tiempos se ha evidenciado una preocupación social creciente por el incremento de los precios del alquiler, probablemente superior a la capacidad adquisitiva de los ciudadanos que aún no han recibido de forma efectiva el beneficio de una anunciada recuperación económica. Incremento de la demanda, falta de oferta y ciudadanos preocupados por aquello tan sagrado, el “factor hogar”. Tal situación exige una reacción y, en este sentido, las autoridades andorranas han activado una reforma legislativa, tanto para estimular la construcción de nuevas viviendas destinadas al alquiler como la incorporación al mercado de aquellos que actualmente se encuentran vacíos, con ayudas y facilidades en unos casos e impuestos adicionales en otros, siempre pensando en tratar de favorecer a los aspirantes a encontrar un habitáculo de alquiler.

Sin embargo, Andorra afronta también un gran reto: el buen uso del porcentaje de cesión obligatoria de los planes urbanísticos, que en la mayoría de casos llega al 15% del valor de la superficie edificable, destinándolo a los usos sociales que en esencia los justifican. Ahí está el espíritu inmobiliario del sector público: el impulso con dichos recursos de proyectos de construcción de vivienda social que pueden convertirse en una ayuda fundamental para aquellos ciudadanos que más lo necesitan, jóvenes que comienzan la vida y no tan jóvenes la situación de los cuales lo justifica. Esta es la sensibilidad que unos y otros han de poner en valor al servicio de una necesidad social, del sueño de los que aspiran a acceder o conservar un hogar. Andorra cumple una gran labor en este sentido, y como viene haciéndose desde hace años, se otorgan importantes ayudas para hacer frente a los gastos de alquiler de aquellos que más lo necesitan. Justamente este año 2018, especialmente complicado para la corrección al alza del mercado de alquiler, se han concedido hasta 906 ayudas por parte del Gobierno de Andorra, lo que demuestra el compromiso, la sensibilidad, el alma del sector público frente la demanda de los más necesitados.

En un país como Andorra, abierto y esperanzado en la inversión exterior, esta alma, este esfuerzo adicional, generoso, altruista, deviene igualmente importante a la hora de tutelar el interés de aquellos que se plantean venir a vivir a nuestro país atraídos por las incuestionables virtudes que nos caracterizan. Todos estamos haciendo un gran esfuerzo para tratar como se merecen a aquellos que optan a convertirse en ciudadanos de Andorra, sea para desarrollar una actividad o sea simplemente para vivir. Sean los organismos o instituciones públicas o el sector privado, donde quiero alabar muy sinceramente el trabajo de algunos colaboradores cercanos del sector inmobiliario que, más allá del interés material, dedican su abnegado esfuerzo a dar un trato humano a aquellos candidatos a establecerse en nuestro país, haciendo muestra de una generosidad que no tiene precio, profundizando en sus anhelos, inquietudes, sentimientos, proyectos, me doy de la auténtica dimensión del espíritu inmobiliario de ésta, nuestra Andorra.

Va por ellos, estos grandes embajadores de Andorra, porque no siempre los resultados inmediatos aportan las mayores satisfacciones y éxitos, porque poner el alma y adentrarse en la de los demás nos hace entrar en una dimensión humana cuyos resultados mediatos, aquellos que perduran en el tiempo, los que dejan mejores sensaciones, te consolidan no sólo a ellos mismos, sino que con su ejemplo pueden llegar a hacer grande un país tan querido como el nuestro, un país Andorra que necesita que todos sin excepción pongamos el alma, un alma que queremos que se convierta en el valor diferencial que haga que cuantos más mejor elijan nuestro país para instalar su hogar.

Pere Augé

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